El judío errante

No es que le negara el agua a nadie (no sé por qué me imagino que Chagall debió de ser buena persona), pero representa muy bien el tipo de judío europeo del siglo XX. Tuvo que salir de su país para que se le respetara, pese a sus esfuerzos por hacerse un hueco en su querida Rusia. Pero ya sabemos que nadie es profeta en su tierra y su adorada Vitebsk le dio la espalda (tanto que en el museo que actualmente se encuentra en la casa familiar no tienen ni un original, ¡son todo reproducciones!). Rompe el corazón lo consciente que él mismo era de la situación y cómo la asumía (lo dice en su libro Mi vida ante de partir «y quizá Europa me amará y mi Rusia me amará con ella»).

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La casa gris, 1917.
Óleo sobre lienzo, 68 x 74 cm.
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
© Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Todo el mundo tiene un cierto cariño al lugar en el que ha crecido. Yo, por ejemplo, veo una imagen del Pilar y depende del día que tenga me puede caer hasta la lagrimilla (es lo que tiene estar a casi 15.000 km de casa), pero hay que admitir que lo de Chagall con Vitebsk era obsesivo. Pinta sus casas, sus calles y a sus habitantes hasta la saciedad en coloridos lienzos que mezclan memoria y fantasía, con lo que lo que podría ser melancolía pasa a ser alucinación y sus cuadros adquieren siempre una suerte de luz esperanzadora. Esto sucede incluso cuando pinta imágenes trágicas como podría ser la de debajo (claro que, para él, siendo judío, digo yo que tampoco tendría el mismo significado).

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Gólgota, 1912.
Óleo sobre lienzo, 174,6 x 192,4 cm.
Museum of Modern Art, Nueva York.
© 2013 Artists Rights Society (ARS), New York / ADAGP, Paris.

Así que si tienes un mal día y te apetece animarte (además de contemplar las obras de uno de los, en mi opinión, mejores pintores del siglo XX) no dejes de pasarte por el Musée du Luxembourg donde podrás encontrar la visión de este artista que pasó por dos guerras, una revolución y dos exilios sin jamás perder la esperanza. Si crees que merece un estudio más reposado, hazte con este magnífico estudio de Sylvie Forrestier.