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    El doloroso arte del retrato

    Escoge una postura. Practícala hasta que te salga natural. Ahora quédate así durante horas. Este era el proceso del retrato hasta que se inventó la fotografía (gracias, Niépce y Daguerre) y, sinceramente, no sé cómo la gente se prestaba a ello. Más sorprendente aún, ¡repetían! Cierto es que solían ser personajes «importantes» henchidos de ego que pensaban que la humanidad entera quedaría agradecida por tener su retrato (en fin) o bien familiares y amigos del artista (muy buenos amigos, supongo). Espero que al terminar el artista les invitara a un masaje (pasa unas horas como la pintura de abajo y tienes sesión de fisio asegurada). Si bien es cierto que…