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A la caza del tesoro
Ya no quedan piratas. Al menos no del tipo de aquellos errantes del mar con parche en el ojo, loro en el hombro y pata de palo. Mucho han hecho las películas recientes sobre el sujeto por alterar el mito y mostrar al pirata como un apuesto galán defensor de buenas causas, pero en mis infantiles recuerdos están grabadas las imágenes de este otro tipo de pirata malo que solo se preocupaba por robar barcos cargados de metales preciosos y beber mucho ron, todo ello con una buena dosis de rudo lenguaje y mala leche. Arrrrr. Y es que no tenía que ser fácil estar todo el día en alta…



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