El Bosco, ¿creatividad, locura o drogadicción?

El siglo XVI fue uno de los más prolíficos en lo que se refiere a extrañas manifestaciones de fervor religioso. Desde los éxtasis de los místicos a las obras de los artistas flamencos, parece que a la gente le daba por exagerar hasta lo imposible la experiencia de lo sagrado y amedrentar a los pecadores con imágenes terroríficas, y dejaron testimonios y manifestaciones artísticas que más tarde se han identificado como fruto de la epilepsia o del consumo de drogas psicotrópicas (queriendo o sin querer, eso nunca lo sabremos).

Uno de los artistas en duda es El Bosco: ¿era realmente un genio con una imaginación desbordante o simplemente alucinaba por efecto de algo raro en la comida (el moho en el grano era frecuente)? ¿Quizá simplemente estaba loco? ¿Quizá era un hereje? ¿Un mojigato que quería que todo aquel con algo de alegría de vivir quedara amedrentado por los peligros del infierno durante el resto de sus días? Lo cierto es que, si miramos de cerca cualquiera de sus cuadros, veremos elementos que nos resultaran muy familiares y no tan lejanos en el tiempo. Personalmente encuentro que sus obras podrían ser consideradas surrealismo si tomamos los elementos por separado. Analicemos por ejemplo el tríptico Las tentaciones de San Antonio.

Las tentaciones de San Antonio, c. 1500.
Óleo sobre tabla, 131,5 x 119.
Museu Nacional de Arte Antiga, Lisboa

En el panel de la izquierda unos demonios llevan en volandas a San Antonio, unos monjes le ayudan tras su caída atravesando un puente debajo del cual hay tres figuras y cerca de ellos un pájaro patinando sobre un lago helado (vamos, lo normal). Un poco más allá nos encontramos a un ciervo con dos extrañas figuras en procesión y al final del camino una cueva cuya entrada se asemeja a dos piernas de rodillas. Cerca de ella, la cola de un pez asoma en la boca de otro, que no parece tener dificultades para respirar fuera del agua.

Si pasamos al panel central podemos observar perros con armaduras, cerdos con forma humana, ratones gigantes, tinajas con patas una ¿manzana? rota como si de una cáscara de huevo se tratara de la que salen extrañas criaturas y, lo que nada en el lago, ¿es un pato sin cabeza con un humano dentro? (que el pez sea a la vez barco y lleve una especie de armadura no me preocupa en absoluto después de ver esto).

Y pasemos, por fin, al panel derecho en el que tenemos una mesa sujetada por seres humanos, una mujer desnuda saliendo de un árbol cerca del cual hay unas extrañas criaturas (demonios) sujetando una cortina y, de nuevo, el pez (no podía faltar), esta vez volando con dos personas encima.

Viendo esto nos queda claro que, el hombre muy normal no era. Pero a qué se debían estos ataques de creatividad es algo que nunca sabremos. Lo que sí podemos hacer es admirar su obra, parte de la cual se expone estos días (y hasta el 14 de enero de 2013) en el Palais des Beaux Arts de Lille como parte de la exposición «Fables of Flemish Landscapes, Bosch, Brueghel, Bles, Bril» (enlace en francés). Antes de ir, quizá quieras ponerte al día con la obra de El Bosco con este ebook de Virginia Pitts Rembert. O familiarizarte con las imágenes infernales de estos autores con Apocalypse (en inglés), de Camille Flammarion.