Libertadamente Gaultier

Todos hemos oído alguna vez ese apelativo un tanto raído de «L’enfant terrible de la moda» que se utiliza con frecuencia para calificar a un sinnúmero de modelos y diseñadores —mujeres ellas, hombres ellos, salvo la honrosa excepción de Vivienne Westwood—, especialmente a los segundos. La frasecilla no atiende al decoro y habla sin acatamiento del réprobo John Galliano, del atribulado Alexander McQueen, del guipuzcoano Ion Fiz, del talentoso Esteban Cortázar, de mi paisano David Delfín, de Christian «L’enfant-Roi» Deslauriers, del renovador Marc Jacobs o, cómo no, del francés Jean Paul Gaultier.

Precisamente a este último le ha dedicado una exposición el de Young de San Francisco. «The Fashion World of Jean Paul Gaultier: From The Sidewalk to the Catwalk» estará abierta al público hasta el próximo 24 de agosto para desvelar algunos aspectos claves del ceremonial del diseñador. En mi opinión, pese a que el propio Gaultier define su marca como «alta costura para la calle», la coletilla del título de la exposición puede inducir a engaño; ya que «de la acera a la pasarela» sugiere unos orígenes más similares a los de la tenaz Edith Piaf que a los relativamente cómodos de Gaultier como alumno de Pierre Cardin. No obstante, la gloria de ambos sí que es comparable.

Jean Paul Gaultier es, sin duda, el legítimo «enfant terrible», porque decora las formas femeninas como si jugara con muñecas y se divierte enormemente al hacerlo. Para muestra, basta ver alguno de los vídeos promocionales de los nuevos diseños para ese refresco bajo en calorías universal, cuyos botellines ha vestido como si fueran mujeres. Bajo sus cuerdas, el cuerpo femenino se convierte en un lienzo sobre el que pinta la belleza en todas sus formas. Los motivos de las botellas son sus diseños fetiches: las rayas bretonas, los tatuajes y los corsés.

Precisamente, con esta última prenda de vestir, el diseñador halló el contrapunto entre la opresión y la libertad. En su colección Dada de 1983, desafió el carácter tradicional del corsé como ropa interior. El famoso corsé que diseñó para la «ambición rubia» en 1990 se convirtió en un verdadero símbolo de la irreverencia y la seducción de una feminidad exacerbada. Las figuras encorsetadas de Gaultier dan un paso más hacia la emancipación estética; son mujeres fuertes y seguras de sí mismas que se sienten cómodas en su propia piel.

Ya lo sabes, si te apasiona el estilo, la lencería, el cine, la libertad, las transparencias y todo aquello que aviva los sentidos, no te pierdas el espectáculo que se ha montado en torno al couturier-niño en San Francisco. Si, además, consideras que, al igual que un buen corsé, unos buenos zapatos de tacón embellecen las piernas, mejoran la postura y hacen que las mujeres se sientan poderosas y estilizadas, no dudes en hacerte con un ejemplar de Zapatos (o, por qué no, con un par).

Zapatos de tacón con cristales Swarovski diseñados por Salvatore Ferragamo para que Marilyn Monroe los utilizara en la película Let’s Make Love, dirigida por George Cukor en 1960.
Museo Salvatore Ferragamo, Florencia.