Picasso para niños

¿Quién no ha dicho, u oído, alguna vez eso de que las obras de arte contemporáneas las puede hacer hasta un niño de tres años? Algo parecido es lo que sucedió en la primera exposición internacional de arte moderno que tuvo lugar en EE.UU. en 1913. Conocida hoy en día como The Armory Show, ya que el primer lugar donde fue expuesta era una armería de Nueva York, esta exposición viajó por tres ciudades estadounidenses, la mencionada Nueva York, Chicago y Boston, presentando el nuevo lenguaje visual europeo al público norteamericano. La más recordada de estas exposiciones es la que tuvo lugar en el Instituto de Arte de Chicago, y no precisamente por su exhaustividad o poder revelador, sino por el revuelo que se organizó entre el público contrario a este nuevo tipo de representación figurativa basado en la interpretación. La exposición en Chicago estuvo precedida por acusaciones de radicalización del arte para convertirlo en un circo y las numerosas protestas culminaron en una representación estudiantil burlesque que organizó un juicio a Matisse a las puertas del museo por: «crimen artístico, rapto pictórico, rapiña artística, degeneración total del color, uso erróneo y criminal de la línea, aberración estética total y abuso contumaz del título».

 

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John T. McCutcheon, Chicago Daily Tribune, 27 de febrero de 1913.

 

No obstante, a pesar del tumulto y la burla de que fueron objeto estos nuevos artistas, la exposición tuvo un efecto de contagio en el sentido en que las exposiciones en las que este nuevo arte estaba presente se multiplicaron en la década de los 20 y de los 30, además de que promovió la creación de nuevas asociaciones artísticas que buscaban promocionar y enseñar a comprender el nuevo arte contemporáneo. Asimismo, supuso una fuente de inspiración para que los artistas norteamericanos comenzaran a cuestionar el statu quo estético.

 

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John Marin, El bajo Manhattan desde el río, nº 1, 1921.
Acuarela, carboncillo y grafito sobre papel. 55,6 x 67,3 cm.
Metropolitan Museum of Art, Nueva York.

 

Para conmemorar esta singular exposición, el Instituto de Arte de Chicago organiza ahora, y hasta el 12 de mayo, una muestra individual sobre uno de los artistas que se dieron a conocer al público estadounidense en esa exposición: Pablo Picasso. Desde que se presentara por primera vez en esta sala, la relación entre el artista y la ciudad de Chicago no ha hecho sino aumentar, hasta el punto de que en esta ocasión el museo juntará 250 obras provenientes de su propia colección y de colecciones privadas basadas en la ciudad. En ella se podrán ver ejemplos de la versatilidad de Picasso y la multitud de soportes que empleó para desarrollar su particular concepción de la forma. Entre otros, se expondrán cuadros, esculturas, litografías, dibujos y cerámicas. Una oportunidad que no te puedes perder para conocer una de las ciudades estadounidenses que estuvieron a la vanguardia de la apreciación del arte contemporáneo y la obra de un artista que aunque no necesita presentación puede todavía depararnos grandes sorpresas estéticas. Además, la afluencia de trabajos que los curadores se han esmerado en yuxtaponer nos permitirá conocer algunas obras que no se exponen al público normalmente.

Pero, ¿qué pasa con la percepción general sobre el arte contemporáneo? A decir verdad no es que la cosa haya cambiado mucho desde que se llevara a cabo esta exposición. Sí es cierto que dentro del mundo artístico se ha producido un cambio que se traduce en que la aceptación es casi unánime en que todos coinciden en alabar la exploración de formas y materiales, aunque de manera creciente se ha instalado en la apreciación popular la creencia de que cualquiera puede realizar semejantes «borratajos». Mauricio, el personaje principal de una de las excelentes novelas de Eduardo Mendoza analiza con palabras certeras, a mi parecer,ambos argumentos de la discusión: «Hoy en día el aspecto técnico del arte tiene poca importancia. Antes había que pintar bien un paisaje, un retrato o el éxtasis de san Francisco. El arte se valoraba con criterios artesanales. Hoy esto es secundario, por no decir superfluo. Cuando personas incultas y estúpidas dicen que un cuadro no figurativo lo puede pintar un niño o un mico, dicen la verdad. Pero es una verdad irrelevante. Porque lo importante es el significado de la obra, no para el artista sino para la sociedad. Un cuadro en blanco o un lienzo roto no tendrían ningún significado si los hiciera yo. En cambio sí que lo tienen cuando provienen del taller de un artista consagrado; y no por papanatismo, sino porque en este caso representan la posición del artista con respecto al arte». (Mauricio o las elecciones primarias, Seix Barral, 2006. p. 10).

Si después de esto te pica la curiosidad y quieres conocer más a fondo la obra de este polifacético artista te recomendamos la lectura de la extensa y cuidada obra de Jp. A. Calosse: Picasso, donde podrás encontrar numerosas fotografías de gran calidad en un formato fácil de transportar, para que lo puedas ir leyendo en el avión de camino a Chicago.

Picasso and Chicago, Art Institute of Chicago, hasta el 12 de mayo de 2013.