Del valor y el precio

Las recientes subastas multimillonarias que han coronado a los nuevos reyes de los bestsellers del arte me dejan indignado y hastiado. Por qué, me pregunto, le doy importancia a lo que no son más que fuegos de artificio que tienen un barniz no de cultura sino de salón del automóvil de lujo. Sólo faltan las azafatas ligeras de ropa a las que los pervertidos preguntan si vienen de regalo con el Ferrari. Todo se andará… Una buena amiga, amante del arte como yo, dice que los medios de comunicación ni siquiera deberían publicar esas noticias, o al menos no darles tanta importancia. ¿Qué leemos cuando un periódico dedica una noticia de portada al mundo del arte? ¿Que en el Prado hay una exposición con cuadros de Velázquez que nunca se han visto en España y que será casi imposible ver de nuevo? ¿Que ha muerto Anthony Caro, uno de los mayores escultores del siglo XX? Abro El País y esto es lo que me encuentro: “Jeff Koons y Francis Bacon revientan las subastas en Nueva York”.

New Picture (2)El nuevo arte oficial, ese que sólo se mira en función de los millones que alguien ha invertido el él, no es sólo el último pasatiempo de los ricos ni sólo incide en crear una visión exclusivamente económica del arte. El nuevo arte plutocrático está haciendo daño, sobre todo, a los museos. Ya no son la máxima autoridad del gusto artístico; todo depende de la última extravancia de una princesa árabe, un bróker o un mafioso ruso. ¿Qué museo puede competir con gente que se gasta esos millones en obras de arte que por lo general no son las mejores que realizaron sus creadores? (Si es que algunos de ellos alguna vez produjeron algo de verdadero interés) Como mucho, los museos pueden aspirar a las migajas, como el ejercicio patético del Metropolitan, que recibió como un invitado de honor al tiburón de Hirst para no parecer carca.

New Picture (3)A todo esto, además, se le ha sumado la crisis económica, con lo que es muy habitual ver cómo los museos montan exposiciones con sus obras maestras y otras normalmente guardadas en los sótanos. Aunque nazca del apuro económico, esto puede ser una buena medida. El ejemplo más reciente es la muestra American Modern: Hopper to O’Keeffe que ha organizado el MoMA. Nos dará una oportunidad de ver cosas que habitualmente no se exponen, siempre con los grandes maestros de referencia. Por fortuna, esto es algo con lo que los aficionados de subasta aún no pueden competir.

New Picture (4)No dejemos que mueran los museos. Visita la exposición del MoMA y después goza con las reproducciones de las obras maestras de uno de los más grandes (si no el más grande) maestros americanos, Edward Hopper.