De la degeneración artística y política

Un acontecimiento que ha pasado a los anales de la historia del arte es la famosa exposición ‘Entartete Kunst’, celebrada en Múnich en 1937. Hitler encomendó a expertos acólitos reunir todo el arte ‘degenerado’ que encontraran para celebrar una gran muestra donde dejar constancia del riesgo de decadencia que vivía la cultura europea por culpa de los artistas de vanguardia. Al año siguiente organizó otra exposición, esta vez con un elenco de artistas que representaban lo que él consideraba el gran arte alemán, basado en una especie de revival neoclásico. Huelga decir que la primera exposición la visitó infinitamente más gente que la segunda.

Hitler, Goebbels y otros dirigentes nazis inauguran la exposición de artistas ‘degenerados’. Foto: Alamy
Hitler, Goebbels y otros dirigentes nazis inauguran la exposición de artistas ‘degenerados’. Foto: Alamy

Uno de los artistas presentes en la segunda muestra, Adolf Ziegler, el preferido de Hitler, encarnaba como nadie la utopía estética germánica del Führer. En la Neue Galerie de Nueva York se puede contemplar ahora una de sus obras más celebradas, el tríptico de Los cuatro elementos, que fue expuesta en aquella exposición y que después Hitler colocó en su salón. Uno podría intentar encontrar cierta justificación estética en el apartheid cultural nazi si al menos hubieran optado por un clasicismo serio, pero lo que uno encuentra en el tríptico de Ziegler no parece deberle nada a Jacques-Louis David, sino que es más bien un antecedente –si bien pictórico, no escultórico– de Jeff Koons. Me temo que no podré visitar la exposición de la Neue Gallerie, pero me imagino que el contraste entre esta obra y otro tríptico, La partida de Max Beckmann, que está colocado en frente, debe de ser brutal.

New Picture (1)

El visitante a la Neue Gallerie podrá comparar el kitsch pre-posmoderno de Ziegler con el duro trazo, éste sí germánico, de Max Beckmann.
El visitante a la Neue Gallerie podrá comparar el kitsch pre-posmoderno de Ziegler con el duro trazo, éste sí germánico, de Max Beckmann.

Esa pintura tremenda de Beckmann, que, entre otras cosas, demuestra cómo la figuración puede ser tan moderna como el constructivismo o De Stijl, fue una de las cientas que se expusieron en Múnich. Junto a él colgaban otros muchos de los que hoy tenemos por los más grandes artistas del siglo XX: Picasso, Kandinsky, Klee, Dix… Es fácil hoy mirar con indignación o con sorna aquella descriminación estética que, a ojos de cualquiera con una mínima sensibilidad artística, fue tremendamente miope. Ahora bien, la historia nos demuestra que el arte es tan rico y complejo como la vida misma. En un repaso reciente a esta exposición de la Neue Gallerie, Antonio Muñoz Molina habla de la caída en desgracia de otro gran artista del siglo XX por culpa de la muestra de ‘degenerados’ organizada por Hitler. Se trata del expresionista Emil Nolde, que era un entusiasta defensor de los nazis. Pero bastó la desaprobación del Führer para que, de la noche a la mañana, Goebbels, que hasta entonces había coleccionado sus cuadros, declarara a Nolde artista ‘non grato’. A pesar de todo ello, Nolde siguió apoyando las tesis nazis, lo cual sirve de lección: los aciertos estéticos de un artista pueden ser compatibles con ideas políticas absolutamente deleznables.

Emil Nolde, Die Grablegung, 1915.
Emil Nolde, Die Grablegung, 1915.

Descubre de la mano de Parkstone la obra fascinante de Nolde y demás artistas ‘degenerados’ en nuestro libro Expressionism.

R.C.G.