¿En qué piensa el mar?

Yo me imagino que esta pregunta se la tienen que haber hecho los pintores de marinas desde tiempos inmemoriales. Porque de la misma manera que  con un retrato se pretende no solo reflejar el parecido físico del retratado sino también un cierto parecido psicológico ―por otra parte, lo único que pasará a la posteridad―, con el mar, de la misma manera, lo que se pretenderá es retatar su parecido: color, orilla, lugar, elementos situados en él,  así como su estado: oleaje, espuma, nivel, etc.

Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanawaga, 1823-1829. Xilografía en color, 25,7 × 37,8 cm. British Museum, London.
Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanawaga, 1823-1829. Xilografía en color, 25,7 × 37,8 cm. British Museum, London.

Hace no mucho, el Reino Unido eligió como el mejor cuadro de su historia el no tan conocido, en nuestro país, El Temerario remolcado a dique seco de J.M.W. Turner. Con esta decisión Turner quedó así coronado como el artista inglés por excelencia y como reconocimiento a semejante hazaña, se empleó el símbolo más visible de la propaganda británica, el hombre más elegante y con más recursos, James Bond, para mostrar en su última película, Skyfall, las similitudes del espía con el sujeto del cuadro mencionado. Una genialidad más de los guionistas de las películas de acción a las que nos tienen acostumbrados últimamente.

Esta momentánea incursión en la fama del celuloide no le puede quitar mérito a Turner sobre lo que sí supone un reconocimiento artístico en vida y posterior. Turner es uno de los artistas que mejor ha sabido representar el mar, gracias a su mejorada técnica con las acuarelas, y que más ha sabido expresar sus diferentes estados. Situaciones como las que nos presenta Turner en sus mares y océanos nos arrastran en una espiral de emociones tan reales como si las gotas saltaran del cuadro y salíeramos del museo con los pelos alborotados por la ola que nos tiró al suelo. O sintamos la paz y la calma que su detenida visión nos proporciona en determinados momentos. Uno de los mejores consejos que oí de un padre a un hijo decía que cuando se acumulen los problemas lo mejor es mirar al mar, que como nunca se queda quieto, nos ayudará a recordar la naturaleza pasajera, así como dual, de las cosas, pues no por menos el mar es uno de los pocos sustantivos que permite el género femenino y masculino.

Joseph Mallord William Turner, El «Temerario» remolcado a dique seco, 1838. Óleo sobre lienzo, 91 × 122 cm. National Gallery de Londres, Londres.
Joseph Mallord William Turner, El «Temerario» remolcado a dique seco, 1838.
Óleo sobre lienzo, 91 × 122 cm. National Gallery de Londres, Londres.

Así que si quieres entretenerte disfutando con las cosas de la mar y los marineros, no olvides pasarte por el National Maritime Museum de Londres antes del 21 de abril. Allí encontrarás una excelente exposición sobre Turner, Turner and the Sea, que ha conseguido reunir cuadros suyos que no se habían visto en Gran Bretaña desde hacía 40 años. Y si puedes hacer el viaje hasta allí en barco cuando llegues no habrá ni quien te tosa, capitán. Lo que nosotros te proponemos es cualquiera de nuestros volúmenes sobre Turner escritos por Eric Shanes en los que podrás comprobar la fuerza de las marinas de un genio del color.