A falta de obras…

De arte se aprende mirando. La historia, la teoría y las cronologías ayudan, y cuanto más firmes estén en nuestras cabezas, mejor. Pero si uno no tiene relación directa con las obras, no puede decir que verdaderamente sepa o le guste el arte. Ahora bien, como la mayoría de nosotros no somos ricos y nos es imposible visitar el Louvre y al día siguiente plantarnos en el Prado, la National Gallery o el Hermitage de San Petersburgo, hay que suplir esto de alguna manera. Lo segundo mejor que uno puede hacer es mirar buenas reproducciones para tener una guía visual, además de intelectual, que le permita moverse con más soltura por el fascinante mundo del arte.

Velázquez, Las meninas, c. 1656. Museo Nacional del Prado, Madrid.
Velázquez, Las meninas, c. 1656.
Museo Nacional del Prado, Madrid.

La verdad es que me compadezco de los antiguos estudiantes de arte, esos que sólo podían acceder a pesados libros en los que no había más que unas pocas fotografías en blanco y negro. Esa carencia de imágenes se podía suplir si uno vivía en una ciudad con museos y galerías, pero el que no tenía ese privilegio debía de adquirir una imagen algo fantasiosa de lo que era el arte de verdad, fuera de los textos de los libros. ¡Lo que hubieran dado aquellos estudiantes por la facilidad que ahora tiene cualquier estudiante o aficionado para acceder a imágenes! Ante tanta proliferación, sin embargo, también hace falta cierto sosiego para apreciar lo que se tiene delante.

Rafael, Retrato de Baldassare Castiglione, 1514-1515. Musée du Louvre, París.
Rafael, Retrato de Baldassare Castiglione, 1514-1515.
Musée du Louvre, París.

A pesar de las grandes ventajas que ofrece internet, creo que esta labor de aprendizaje estético siempre es más efectiva si se mira un libro en vez de una pantalla de ordenador, por la sencilla razón de que un libro nos exige mayor concentración. Aunque sólo sean reproducciones, mirarlas con detenimiento nos hará apreciar mejor las obras. Los libros monográficos son, en este sentido, una buena herramienta para el aficionado: como es imposible poder ver en un mismo lugar todas las obras de un artista, las monografías se vuelven especialmente útiles. A falta de las obras, y hasta que uno pueda verlas en directo, un libro que reúne lo más significativo de un artista le dará a uno una visión general de su evolución plástica.

Van Gogh, Girasoles, 1888. National Gallery, Londres.
Van Gogh, Girasoles, 1888.
National Gallery, Londres.

En Parkstone, nuestra particular Art Gallery recoge algunos de los nombres más importantes de la Historia del Arte, abarcando sus obras respectivas con muy buenas reproducciones. Este compacto estuche contiene diez libros de pequeño formato dedicados a sendos genios de la pintura. Abarca desde el Renacimiento (Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel) hasta el Impresionismo y Posimpresionismo (Monet, Renoir, Van Gogh), pasando por el Barroco y el Romanticismo (Rubens, Velázquez, Goya, Turner). Como se suele decir de las recopilaciones, no están todos los que son, pero, sin duda, son todos los que están.

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R.C.G.