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Gaudí y La Sagrada Família

El siguiente texto es un extracto del libro Antoni Gaudí. Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Jeremy Roe, publicado por Parkstone International.

Para comprender el verdadero alcance de la arquitectura de Gaudí, es indispensable tener en cuenta los diferentes factores que influyeron en su pensamiento, ya se trate de su familia, de su infancia, de su lugar de nacimiento o de su escolarización, del contexto histórico de la Cataluña y la España de su tiempo, de sus amigos y relaciones; todos ellos son elementos constitutivos de la extraordinaria y muy singular arquitectura de Antoni Gaudí i Cornet.

Retrato de Gaudí

Sin embargo, su personalidad permanece inaccesible debido a razones diversas. Ante todo, la naturaleza tímida y solitaria de Gaudí hace que no exista prácticamente ningún documento original que pueda dar testimonio de su apariencia. Era muy celoso de su intimidad, un sancta sanctorum en el que el historiador evita entrar por respeto y a la vez porque no dispone de suficientes elementos para extraer conclusiones definitivas.

Interior de la Sagrada Familia, columnas con forma de tronco de árbol.
Casa Batlló, balcón de la fachada.

De ahí las numerosas leyendas que rodean a Gaudí, fabulaciones desprovistas de valor histórico a pesar de la atracción que ejercen en el público, siempre ávido de anécdotas acerca de la vida íntima de los grandes hombres, sean verídicas o no. La ascendencia familiar de Gaudí cumplió un papel importantísimo, gracias a que la naturaleza misma del oficio que ejercían su padre y sus abuelos, tanto paternos como maternos, es muy reveladora. Más de cinco generaciones de los Gaudí habían sido artesanos caldereros, fabricantes de cubas destinadas al alcohol destilado de las uvas del Camp de Tarragona.

Prof. Dr. Arq. Juan Bassegoda Nonell, Hon. FAIA. Conservador de la Cátedra Gaudí, Barcelona

La dimensión espacial de las formas curvas de estas cubas, hechas de chapa de cobre martillado, tuvo una notable influencia en Gaudí, como a él mismo le gustaba reconocer, pues le enseñaron a visualizar los cuerpos en el espacio antes que a proyectarlos geométricamente en una superficie plana. Estas visiones de su infancia y del taller de su padre perduraron en su arquitectura como un caleidoscopio de formas vivamente coloreadas, brillantes y maleables, esculturas vivientes. Educado en una familia cristiana de artesanos y obreros, frecuentó las escuelas Pías de Reus, donde recibió una enseñanza humanista y sin prejuicios que influyó de manera decisiva en la formación de su carácter. Es allí donde conoció a Eduard Toda Güell, que hizo aflorar en él el amor por el monasterio de Poblet y por la historia de Cataluña en general.

Casa Milá (también conocida como La Pedrera), patio interior.

A mediados del siglo XIX, la ciudad de Reus era un foco de agitación política, radical y republicana. Aunque Gaudí no sintió nunca el deseo de participar activamente en la política ni en ninguna otra actividad que no fuera su propia arquitectura singular, está claro que se dejó convencer por las poderosas emociones de quienes le rodeaban, interesándose profundamente en los serios problemas que sufría su país. Todavía era estudiante cuando estalló la última guerra carlista, y aunque no tuvo que participar en ningún enfrentamiento, fue movilizado durante todo el conflicto. Fue más tarde, durante sus estudios de arquitectura en Barcelona, cuando manifestó su interés por las preocupaciones de las clases trabajadoras participando en la concepción de La Obrera Mataronense, la primera cooperativa de España, en donde tuvo la oportunidad de poner en práctica algunas ideas que habían germinado en él durante las épocas de escolarización en Reus.

Parque Güell, columnas simétricas de la sala Hipóstila

Tanto Reus como el vecino pueblo de Riudoms –en este último pasó muchos veranos en una casa propiedad de su padre– influyó en Gaudí, no sólo por el carácter de sus habitantes, sino también por el clima y el paisaje.

Áridos pedregales, dotados de una luminosidad singular, donde crecían la vid, los almendros y los avellanos, los cipreses y los algarrobos, los pinos y los olivos: tierras que podrían haber sido del Lacio o del Peloponeso; un paisaje mediterráneo por excelencia que Gaudí consideraba como el lugar ideal para contemplar la naturaleza, ya que allí el sol brilla con un resplandor inusual que forma un ángulo de 45 grados que incide en la tierra y crea los más perfectos efectos de luz. La naturaleza viva, con toda su verdad y belleza, estaba presente en todos los paisajes del Camp de Tarragona bajo el sol del Mediterráneo…

El Capricho, entrada principal.

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